RETRATO DE CUANDO YO ERA PUNK

RETRATO DE CUANDO YO ERA PUNK

Contaré mi historia, yo fui punk. ¡Bah! Se preguntarán ustedes ¿Punk? Y sí, yo fui un punketo que con una cresta color verde levantada pa’ arriba deambulaba por las calles de Barquisimeto.

Todo comenzó en la biblioteca de mi tío Adrian Prays, profesor universitario del pedagógico y marxista, mientras curioseando en sus libros encontré el Manifiesto comunista, las historias de la primera internacional y por supuesto, también tuve un encuentro con los teóricos del anarquismo utópico que fueron los cimientos del socialismo científico antes de Marx.

Maravillado, por las historias de Bakunin, Kropotkin y Proudhon que ahí encontré y de las que fui un lector voraz, comprendí entonces, que en el mundo existía una lógica de opresión, donde las clases poderosas roban al trabajador;  entendí también la propiedad es un robo histórico como se expresa en el famoso logaritmo de Proudhon, y que además, el concepto de anarquista se puede entender de diferentes formas, pero entre el anarquista y el socialista  hay un enemigo común: la acumulación de la riqueza y el robo del capitalismo. Según la bitácora social del anarquismo clásico, el Estado, es una forma de poder, y dicho poder sintetizándolo en teoría es una voluntad que corrompe, y si el poder se corrompe y el resultado es la opresión al pueblo; Después empezó a crecer en mi la rebeldía.

Asistí a un colegio donde estudiaban también los sifrinos, aquellos que soñaban con ser los futuros adinerados dueños de yates mientras pedían fiadas las empanadas chilenas al señor de la cantina. Lo cierto es que en aquellas clases, fue cuando empecé a dibujar en mi cuaderno la A, luego la encerraba en un círculo perfecto y escribía panfletos republicanos de la España herida, ¡Republica sin patrón, ni estado!, ¡Trabajadores contra el capitalismo y el estado! Muchas veces mis compañeros me preguntaron por los escritos de mi cuaderno, yo les respondía con el dominio teórico que aprendí en esos libros, nunca supe si ellos me entendieron o al no tener más argumento para seguir hablando del tema me hacían otra pregunta: —¿Hiciste el trabajo que mandó la profesora para hoy? —¡Coñoesumadre, se me olvidó marico —Respondía.

No sé como hice para hacer los trabajos en el tiempo de clase, recuerdo que no compraba el desayuno y de ese ahorro compraba una hoja de papel ministro y escribía en la mesa de la cancha deportiva: República Bolivariana de Venezuela, el nombre de la materia, el tema del trabajo y redactaba brutalmente lo que pensaba sobre el tema, al terminar colocaba mi nombre. Y lo entregaba a la profesora como un buen tipo; caminaba echón hacia mi pupitre porque sabía que de ese trabajo mínimo obtendría un 18 y máximo 20 según mis humildes cálculos.

Luego me entregué a la música punk, escuchaba los Sex Pistol, Ramones, Seguridad Nacional, Gladyz Cordero, La Polla Record, Ska-p, todo el mundo veía con malos ojos al punk y todo el mundo detestaba la música punk; una de las bandas punketas que escuchaba hizo una canción que inmortalizó a Chávez, ¡Adelante comandante, paso al frente con honestidad! Aunque eso ocurrió mucho tiempo después, para entonces la gente empezaba a entender que el anarquismo y la música tiene influencia directa en el seno de la artillería del pensamiento del joven rebelde.

Pero hablando de cosas concretas, aunque en esa época pensaba que yo era un verdadero punk y que mi mayor enemigo era el capitalismo y el estado, en realidad mi lucha estaba encausada a otro rumbo; lamentablemente mis enemigos acérrimos fueron mi mamá y mi papá ¡Es en serio de pana!. Mi mamá todos los días amenazaba con cortarme la cresta, mi papá  por su lado,  amenazaba en caerme a coñazos cuando rompía los pantalones que me había regalado y ambos se alarmaban porque que según ellos en ese camino me encontraría con drogos y hediondos que no se bañan nunca. Yo les respondía, —Ustedes tienes los discos de The Beatles y Rolling Stones, ¿los escuchaban no? ah sí, debe ser que lo que fumaban ellos era cilantro, ¡no me jodan!

Además yo me bañaba todos los días, pero insistían, —¿tú crees que si tienes esa cresta vas a conseguir trabajo? No me importa, no quiero trabajar para ningún patrón, no quiero ser siervo de ningún sistema, no quiero ser verdugo de ninguna empresa.  Pero cuando estaba dispuesto  a seguir con mi discurso, panfletario, mi mamá me interrumpía, —Vas a comerte la arepa por fin, ¡que se va a enfriar! Y yo con una postura anarcosocialista firme, con mi cresta levantada, con mis botas negras militares y con mis trenzas rojas, le decía; ¡Sí, mamá, ya voy! Ella me reprochaba, —Ahora eres un anarquista bien lindo pues

 Lo cierto, es que el capitalismo era mi mamá, y el estado era mi papá, era una lucha diaria en contra de ellos porque no me dejaban tranquilo. Aunque ponía, la música a poco volumen en mi cuarto, ellos decían —¿Me vas a decir tú que eso es música? Mientras fruncían el ceño y tiraban a matar con una frase: ¡DIZQUE MUSICA!. En casa no paraba eso que ahora llamarían “bulling”, mis primos al verme la cresta pintada decían, —ay ese es uummmm, ¡ay vale, se le mojó la canoa!­ —Mi mamá insistía, —¿crees que con esa cresta vas a conseguir novia? Yo le respondía con certeza: ¡mamá es que lo bonito va por dentro!

Yo era pesado, una vez, caminando en medio de la calle  con una amiga, la llamo su madre, ella contestó el teléfono y en voz alta le dije —mi amor pásame los interiores que están al lado de la cama — Ella sonrojó, la mamá había escuchado, me quiso matar, y yo salí corriendo y desaparecí hasta el otro día que se le había pasado la arrechera. Yo nunca tuve una novia punk, creo que sentí devoción por las pocas chicas punk que vi rondar por las calles de Caracas, Barquisimeto y Maracay. Una mujer rebelde es siempre astral.

De verdad disfrutaba ir a los toques punk y meterme en el pogo, metiendo coñazos, codazos, gritando ¡viva el anarquismo, viva la revolución que se pudra la opresión!

Pero un día me vi en el espejo, entonces, por rebeldía o cansancio, tomé una máquina de afeitar y fui quitando la cresta, luego de ver la imagen de mi rostro calvo sé que se perdió un rastro de mi pero en la misma imagen recordé caminando a Anastole France que era un anarquista romántico, luego en un jardín a León Tolstói que era un anarquista místico. Aunque yo no soy un anarquista como ellos,  me quité los aparatos auditivos y sentí un silencio que traspasaba los límites de las historias leídas en los libros. Me acosté en la cama, me quité las botas y la chaqueta de cuero y le dije a mi mamá desde mi cuarto: ¡Bendición mamá voy a dormir, mañana será un día de lucha!

José Miguel Méndez Crespo

@josemiguelm87

instagram: josemendezcrespo

 

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